¿Y si dejamos de avergonzarnos de nuestra profesión?

¿Y si dejamos de avergonzarnos de nuestra profesión?

Ya no sé cuántas veces he oído el debate sobre la denominación de nuestra profesión. Me diplomé un ya lejano 2002, y ha llovido mucho. He vivido mucho profesionalmente hablando… y desgraciadamente, nunca me ha abandonado el debate constante sobre cómo nos llamamos, qué somos, qué hacemos, etc… Estos días, otra vez. Y yo que sólo quiero trabajar, ¡de verdad!

Personalmente, sé quién soy, sé qué soy y sé qué puedo hacer. Y desde hace tiempo que he decidido decir, siempre, que ante todo, soy bibliotecario, un bibliotecario que sabe hacer muchas otras cosas. Pero soy bibliotecario. Lo tengo claro. Y no tengo vergüenza de decirlo bien claro. ¿Es siempre así para nuestro colectivo? Tengo la sensación de que muchos colegas de profesión sienten vergüenza por lo que son, e intentan esconderse no sé muy bien por qué oscuro motivo. Con esta actitud victimista no me extraña que hayamos perdido todo lo que hemos perdido durante años. Esta búsqueda constante por encontrar nuevos nombres evidencia claramente una extremada fragilidad que se ha intentao llenar con humo. Y es que para vendernos y obtener un verdadero reconocimiento social que nunca llegaba, nos hemos ido inventando denominaciones parciales, muchas veces vacías, de lo que hacíamos o queríamos hacer. Y es que es muy cansado y agotador intentar buscar permanentemente el golpecito en la espalda, ¿no?

Y es que mientras hemos intentado vender humo en cajitas de colores y de rápido consumo, nos hemos dejado por el camino muchas víctimas. Una de ellas , los bibliotecarios. Otros, han vendido realidad, y les ha ido mucho mejor. De hecho, soy de la opinión que ya disfrutábamos del prestigio e influencia social y del reconocimiento comunitario que hoy tanto buscamos, y que en buena medida hemos sido nosotros mismos los que nos lo hemos dejado perder solitos. El peor enemigo del bibliotecario ha sido y es el propio bibliotecario. Hemos sido del todo incapaces de incluir los nuevos roles y las nuevas competencias que han ido apareciendo dentro del refugio de la palabra bibliotecario, una palabra con respeto y consideración.

Es, sin duda, un debate estéril y que nos entierra a todos. He trabajado con diferentes colectivos profesionales, y tengo contactos profesionales de diferentes ámbitos. Todos, absolutamente todos, tienen claro qué son y qué hacen. Con una palabra. Sin perversiones del lenguaje.

Hagámoslo sencillo.

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