La biblioteca persistente

La tercera revolución de la biblioteca, la más importante, la de mayor magnitud, la de más alcance y que está suponiendo más transformaciones en más ámbitos, incluido en el edificio, es la que ha coincidido en la peor crisis económica de los últimos años. Una crisis que afectará, seguro, la necesaria incidencia que debe tener esta revolución en las bibliotecas y sus edificios. Y es que la transformación de lo analógico a lo digital en el ámbito de los libros, y la progresiva desaparición de los libros físicos en el paisaje cotidiano de nuestras bibliotecas, es un camino a seguir inexorablemente y sin desfallecer. Es un tránsito hacia la supervivencia bibliotecaria, no hacerlo nos volvería más débiles.La crisis económica que estamos sufriendo está afectando todo nuestro mundo, todas las estructuras de las nuestra sociedad. Es una crisis sistémica, y de este terremoto saldrá, seguro, una nueva forma de entender nuestra realidad occidental. Estamos viviendo fuertes recortes en ámbitos como la educación o la sanidad, sectores que son los cimientos de cualquier sociedad democrática. Queda la cultura, que tampoco se salvará. Seguro que la cultura será el próximo fundamento social y democrático que se verá afectado por la crisis, y con él, las bibliotecas. La falta de recursos económicos puede frenar el camino hacia la biblioteca del siglo XXI, que pasa de forma muy clara por la digitalización masiva y por la reforma de los edificios. De no hacerlo, puede hacer que las bibliotecas sufran una fuerte frenada en su desarrollo, y de paso, la sociedad y la ciudadanía en general. Los recortes en educación y en sanidad son graves y los sufriremos; los recortes en cultura también lo serán, y también tendrán consecuencias a largo plazo. Las bibliotecas perderán competitividad internacional, y su posicionamiento se resentirá.

Habrá que ser persistentes, constantes. La tercera revolución no se puede frenar, hay que hacerla, hay que impulsarla y hay que liderarla. Seguramente no podremos avanzar como nos hubiera gustado, pero habrá que adaptarse a la nueva realidad que ya se ha instalado entre nosotros, y que se quedará por muchos años; hay que ser realistas. Quizás tendremos que trabajar como los caracoles, poco a poco, sin prisas, a una velocidad con la que nos encontremos a gusto. Pero no nos podemos detener. Y sé que no nos detendremos.

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