Archive for 11 December 2010

Cuatro ideas fuerza para las bibliotecas

idees

Se acerca el final de año, y quizás es un buen momento para hacer como una carta a los Reyes, o tal vez un pequeño listado de sueños. Y pienso en cuatro ideas fuerza, en cuatro ideas sencillas, fáciles de conseguir, objetivos alcanzables…

Primera idea… Que la biblioteca sea un auténtico motor de fuerza regeneradora urbanística, social, económica y cultural. Una biblioteca entendida como una oportunidad, y no como fin en sí misma, que sea el inicio de un camino y no el punto de llegada de un proceso… Y también, por qué no, que cada biblioteca sea un punto de fuerza para todo el colectivo profesional. O como comenta el sociólogo canadiense Derrick de Kerkhove: “Ahora deben convertirse en aceleradores culturales, con una posición nodal en la red del conocimiento, al nivel de un gran aeropuerto “. Las bibliotecas como grandes centros logísticos estratégicos del conocimiento, lugares donde se hacen negocios, transacciones, donde hay valor, y que aprovechan las grandes infraestructuras del transporte.

Segunda idea… Evitar la dilatación en el tiempo de la construcción, el diseño, la planificación y el equipamiento de nuevas bibliotecas; o en la reforma y rehabilitación cuando sea necesario. Hay que agilizar trámites, evitar esperas, acortar los tiempos. Que las bibliotecas se conviertan en un sector clave en la obra pública, un motor para salir de la crisis. Alargar los tiempos sólo crea equipamientos obsoletos ya desde un principio, poco flexibles y condenados al fracaso. La Biblioteconomía y la Documentación es un sector poco o nada estratégico, con poco peso económico y que queda fuera de las esferas de decisión política real y efectiva. Si, como se dice, somos conocimiento y formación y eso nos servirá para salir de la crisis, es necesario que ahora (no ayer, ni mañana), ahora, nos posicionemos, que seamos capaces de crear valor económico y que corrigamos esta disfunción.

Tercera idea… Aplicar nuevas formas de gestionar las bibliotecas. Que este nuevo cambio, este paradigma tan incierto y que nos angustia tanto, sirva para reinventarnos, para encontrar nuevas vías de funcionamiento. Si como, al parecer y espero que así sea, los edificios de las bibliotecas cambiarán radicalmente… no podremos entender nuestra profesión de la misma manera que hoy en día. No lo tendríamos que hacer así. El continente (el edificio), y los nuevos paradigmas sociales y culturales emergentes (el ecosistema), nos impondrán un cambio de contenido.

Y la cuarta idea… Superación de los límites municipales, comarcales o provinciales de alcance de las bibliotecas. Fomentar la internacionalización de la actividad bibliotecaria catalana, no tanto a partir de las redes ya existentes, y si más a partir de lo local. Establecer alianzas directas desde el pequeño mundo local, desde la biblioteca única e intransferible, y con su valor particular; seguro que hay muchas ideas y experiencias locales, pequeñas, escondidas, que se pueden exportar directamente… glocalitzar. La tecnología nos lo permite. La red local puede y debe convivir necesariamente con redes extensas, distribuidas e internacionales.

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Quatre idees força per a les biblioteques

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S’apropa el final d’any, i potser és un bon moment per a fer com una carta als Reis, o potser un petit llistat de somnis. I penso en quatre idees força, en quatre idees senzilles, fàcils d’aconseguir, objectius assolibles…

Primera idea… Que la biblioteca sigui un autèntic motor de força regeneradora urbanística, social, econòmica i cultural. Una biblioteca entesa com a una oportunitat, i no com a finalitat per si mateixa; que sigui l’inici d’un camí i no el punt d’arribada d’un procés… I també, per què no, que cada biblioteca sigui un punt de força per a tot el col·lectiu professional. O com comenta el sociòleg canadenc Derrick de Kerkhove: “Ahora deben convertirse en aceleradores culturales, con una posición nodal en la red del conocimiento, al nivel de un gran aeropuerto“. Les biblioteques com a grans centres logístics estratègics del coneixement, llocs on es fan negocis, transaccions, on hi ha valor, i que aprofiten les grans infraestructures del transport.

Segona idea… Evitar la dil·latació en el temps en la construcció, disseny, planificació i equipament de noves biblioteques; o en la reforma i rehabilitació quan calgui. Cal agilitzar tràmits, evitar esperes, escurçar els temps. Que les biblioteques esdevinguin un sector clau en l’obra pública, un motor per a sortir de la crisi. Allargar els temps només crea equipaments obsolets ja des d’un bon començament, poc flexibles i condemnats al fracàs. La Biblioteconomia i la Documentació som un sector poc o gens estratègic, amb poc pes econòmic i que resta fora de les esferes de decisió política real i efectiva. Si, com es diu, som coneixement i formació i això ens servirà per a sortir de la crisi, cal que ara (no ahir, ni demà), ara, ens posicionem, creem valor econòmic i corregim aquesta disfunció.

Tercera idea… Aplicar noves formes de gestionar les biblioteques. Que aquest nou canvi, aquest paradigme tan incert i que ens angoixa tant, serveixi per a reinventar-nos, per a trobar noves vies de funcionament. Si com, segons sembla i espero que així sigui, els edificis de les biblioteques canviaran radicalment… no podrem entendre la nostra professió de la mateixa manera que avui en dia. No ho haurem de fer. El continent (l’edifici), i els nou paradigmes socials i culturals emergents (l’ecosistema), ens imposaran un canvi de contingut.

I la quarta idea… Superació dels límits municipals, comarcals o provincials d’abast de les biblioteques. Fomentar la internacionalització de l’activitat bibliotecària catalana, no tant a partir de les xarxes ja existents, i si més a partir del fet local. Establir aliances directes des del petit món local, des de la biblioteca única i intransferible, i amb el seu valor particular; segur que hi ha moltes idees i experiències locals, menudes, amagades, que es poden exportar directament… glocalitzar. La tecnologia ens ho permet. La xarxa local pot i ha de conviure necessàriament amb xarxes extenses, distribuïdes i internacionals.

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Flexibilidad: técnica, arquitectura y biblioteca en la sociedad red. Hacia un nuevo tipo?

La asistencia a las jornadas “Los futuros de la biblioteca pública” y la elaboración de algunos posts en este blog (1, 2 y 3), me ha llevado a escribir estas reflexiones a partir de lo que allí se comentó.

A lo largo de los años de práctica profesional he tenido la impresión de que la arquitectura de la biblioteca es muy determinante, a menudo demasiado, para el servicio que este equipamiento quiere ofrecer. Esta es la percepción que me transmiten muchos bibliotecarios, y no es contradictoria con la visión de muchos arquitectos sobre la arquitectura.

Sabemos que la fuerza de la arquitectura radica en que permite la visualización, la materialización, del poder de cualquier institución y también en su voluntad de permanencia: perpetúa a lo largo del tiempo la existencia de este poder. Esto ha sido así desde el inicio de la historia: los de los monumentos funerarios prehistóricos hasta las sedes de las grandes corporaciones multinacionales actuales, pasando por los templos griegos, los monasterios medievales, la plaza de San Pedro del Vaticano, el bueno de Versalles o los ayuntamientos democráticos actuales, por ejemplo. Y eso es bueno que sea así también para las bibliotecas, del mismo modo que lo es también para los museos, por poner otro caso (el Guggenheim de Bilbao es el mejor ejemplo). Aun asi, desgraciadamente a veces sospecho que el principal argumento para la construcción de edificios de biblioteca es la visualización del poder de las instituciones democráticas, por encima del anhelo de generar espacios abiertos de democratización de la información y del conocimiento. De manera que se puede comprender que, a veces, el peso específico de la arquitectura pase por delante de la voluntad de servicio, desgraciadamente.

Dicho esto, durante las jornadas vimos como el contexto de la sociedad red implican transformaciones profundas y muy rápidas en el rol que debe asumir de la biblioteca pública en su entorno. Pierde relevancia el libro tradicional, en papel, y gana la información sobre soportes digitales. Lo importante son las personas y la relación entre ellas, por encima de la colección. Se debe potenciar el acceso a la información, al conocimiento y la creatividad, por encima del contenido de información en sí. La biblioteca deja de ser exclusivamente un lugar de silencio, estudio y trabajo para pasar a ser un tercer sitio, dinámico, donde se produce la serendipity, la casualidad, la anécdota, la sorpresa … Etcétera. Estos cambios se están produciendo a un ritmo acelerado, muy recientemente (no mucho más allá de la última década), y probablemente se acelerarán en el futuro. La sociedad red es la sociedad del cambio constante. Las estructuras en red son precisamente eso, adaptabilidad máxima a partir del cambio constante (a diferencia de los estructuras burocráticas jerárquicas, por ejemplo). Lo explica magistralmente Manuel Castells en “La sociedad red: una visión global“, donde dice “La fuerza de las redes radica en su flexibilidad, adaptabilidad y capacidad de auto-reconfiguración” (capítulo 1).

Hay, por tanto, una contradicción entre la necesidad de cambio constante y la forma arquitectónica estable. Precisamente decía más arriba que la fuerza de la arquitectura es precisamente la inmobilidad, su pretensión de eternidad. Cuando un arquitecto dibuja una línea en un plano es muy consciente de que aquello, que quizás se convertirá en una pared, quedará allí eternamente o durante mucho tiempo. Es una responsabilidad importante, y normalmente se lo piensa dos veces antes de hacerlo. Es posible que eso esté allí 100 años, o más! “Dios lo ve” dice Oscar Tusquets en este sentido.

Comprobamos en estas jornadas, una vez más, que los bibliotecarios nos piden insistentemente a los arquitectos que las bibliotecas deben ser flexibles (que no haya cables a la vista, que puedan poner los ordenadores donde quieran …). No se trata, en absoluto de una cuestión trivial: la falta de flexibilidad tiene implicaciones muy importantes en la puesta en marcha de los servicio bibliotecario y a menudo limita enormemente las potencialidades. La arquitectura se impone al servicio, como decía al principio. La resolución del problema no es una cuestión puramente técnica, sino que tiene implicaciones mucho más profundas, como explicaré más abajo.

Desde el punto de vista arquitectónico, el choque entre la necesidad de cambio (debido a la rápida obsolescencia de la tecnología) y la forma arquitectónica, estable, no es nuevo de ahora: ya durante las sociedades industriales, a lo largo del todo el siglo XX, la arquitectura había explorado soluciones para satisfacer las exigencias de cambio e integración tecnológica. Desde Buckminster Fuller o las arquitecturas utópicas de Archigram (con arquitecturas móviles …) hasta la arquitectura High-Tech, por ejemplo. Pienso que el tipo arquitectónico que sintetizó mejor el espíritu de la era industrial y post-industrial fue la oficina paisaje, ampliamente extendido para resolver los grandes edificios en altura. Este tipo resuelve perfectamente la compatibilidad entre una arquitectura con una forma estable y una flexibilidad interior máxima. Los arquitectos Ábalos y Herreros analizan el la evolución de esta tipología, en relación con la técnica, en el libro “Técnica y arquitectura en la ciudad contemporánea“, y explican cómo a través del uso del suelo técnico es posible esta integración entre incorporación tecnológica y flexibilidad espacial (véase el capítulo IV, “Implicaciones constructivas de la mecanización del ambiente”).

De los edificios que analizan estos autores no puedo evitar referirme, como hice en las jornadas, el Centro Beauburg de París, de Piano y Rogers, y como uno de los máximos exponentes que resuelve todas las exigencias de flexibilidad e integración tecnológica de que hablamos. Dicen Ábalos y Herreros que es el “primer edificio entendido como una celebración pública del advenimiento de la informática”, y que muestra de forma paradigmática como la solución de la oficina paisaje se hace extensiva a otras tipologías, como es la de un edificio cultural.

Por lo tanto, el problema técnico de la flexibilidad queda resuelto, en principio, con el suelo técnico. Pero, tal y como explican estos autores, la evolución de una tipología arquitectónica es fruto de la conjunción de muchos otros factores de todo tipo, desde aspectos constructivos y ambientales (como la resolución de la luz natural, el tratamiento climático del aire, la solución alumbrado artificial y otros aspectos), hasta cuestiones formales. La transformación de la tipología arquitectónica es, pues, un proceso continuo, progresivo, que depende de múltiples factores.

Por eso decía que el tema de la flexibilidad tiene implicaciones más profundas: porque no se trata sólo de un problema técnico o constructivo, sino que afecta a la definición de la tipología de edificio que debe albergar un nuevo tipo de equipamiento . Por lo tanto, me parece que el tema de la flexibilidad es sólo la punta del iceberg: es la manifestación de que la tipología de biblioteca con la que trabajamos es obsoleta, responde a otro tiempo, el tiempo de la sociedad industrial. La imagen de la biblioteca que los arquitectos tienen en la cabeza cuando proyectan a menudo corresponde a un modelo que no se ajusta a las necesidades de la sociedad red. Todos, bibliotecarios y arquitectos, abordamos el proceso de proyecto sin tener muy claro lo que queremos, hacia dónde vamos, porque no tenemos un tipo claro que responda al nuevo paradigma. Sólo nos podemos imaginar lo que hemos hecho hasta ahora, pero que ya no nos sirve. La evolución de las tipologías arquitectónicas a lo largo de la historia se ha producido de forma continua, de modo que cada sociedad ha encontrado la forma que se ha ajustado a sus necesidades, al igual que cada uno de nosotros se viste de acuerdo con su identidad.

Como deberán vestir las bibliotecas a partir de ahora? Hay algunos indicios de hacia dónde podemos encontrar vías de solución. Algunas se mencionaron en las jornadas, y también se ha hablado de ellas anteriormente en este blog. Teceros lugares, espacios de relación, biblioteca sin libros, integración de la tecnología, learning spaces, espacios para la creatividad, etcétera. Pero hay todavía muy pocas realizaciones materiales concretas que nos permitan hablar de una nueva tipología. Me parece que el ejemplo actual más paradigmático de un nuevo planteamiento es la biblioteca de Seattle, de Rem Koolhas, por razones que ahora no puedo explicar (y que me gustaria exponer pronto en otro post). También lo son, por uno u otro aspecto, la Mediateca de Sendai, de Toyo Ito, la OBA de Amsterdam (ver vídeo enlace!), el DOK de Delft, los proyectos de la Mediaspace, de Aarhus, de la biblioteca central de Helsinki, u otros que hemos visto durante las jornadas.

Como conclusión diría que el mérito de las jornadas estuvo en ilustrar el camino, generar una visión de hacia dónde debemos ir en el futuro, siendo conscientes de que la tipología de la mayoría de proyectos que están en marcha en nuestro país (centrada en la colección, las mesas de lectura formal, los grandes mostradores, etcétera) responde a un modelo obsoleto, propio de la sociedad de hace décadas, que es tanto como decir de otra era, previa a la era de la información. Sabemos que tenemos que cambiar este modelo, tenemos pistas de cómo hacerlo. Ahora sólo hace falta que tengamos la ambición y la valentía necesarios para poner en práctica. Tenemos una gran oportunidad en el proyecto de la Biblioteca Central Urbana de mi ciudad, Barcelona. No nos podemos permitir equivocarnos.

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Flexibilitat: tècnica, arquitectura i biblioteca en la societat xarxa. Cap a un nou tipus?

L’assistència a les jornades “Els futurs de la biblioteca pública” i l’elaboració d’alguns posts en aquest blog (1, 2 i 3), m’ha portat a escriure aquestes reflexions a partir del que allà es va comentar.

Al llarg dels anys de pràctica professional he tingut la impressió que l’ arquitectura de la biblioteca és molt determinant, sovint massa, per al servei que aquest equipament vol oferir. Aquesta és la percepció que em transmeten molts bibliotecaris, i no és contradictòria amb la visió de molts arquitectes sobre l’arquitectura.

Sabem que la força de l’arquitectura rau en el fet que permet la visualització, la materialització, del poder de qualsevol institució i també en la seva voluntat de permanència: perpetua al llarg del temps l’existència d’aquest poder. Això ha estat així des de l’inici de la història: dels dels monuments funeraris prehistòrics fins a les seus de les grans corporacions multinacionals actuals, pasant pels temples grecs, els monestirs medievals, la plaça de Sant Pere del Vaticà, el plau de Versalles o els ajuntaments democràtics actuals, per exemple. I això és bo que sigui així també per a les biblioteques, de la mateixa manera que ho és també per als museus, per posar un altre cas (el Guggenheim de Bilbao n’és el millor exemple). Tot i aixi, malauradament a vegades sospito que el principal argument per a la construcció d’edifics de biblioteca és la visualització del poder de les institucions democràtiques, per damunt de l’anhel de generar espais oberts de democratització de la informació i del coneixement. De manera que es pot comprendre que, a vegades, el pes específic de l’arquitectura passi per davant de la voluntat de servei, dissortadament.

Dit això, durant les jornades vam veure com el context de la societat xarxa comporta transformacions profundes i molt ràpides en el rol que ha d’assumir de la biblioteca pública en el seu entorn. Perd rellevància el llibre tradicional, en paper, i en guanya la informació sobre suports digitals. Allò important són les persones i la relació entre elles, per damunt de la col.lecció. S’ha de potenciar l’accés a la informació, al coneixement i la creativitat, per damunt del contingut d’informació en sí. La biblioteca deixa de ser exclusivament un lloc de silenci, estudi i treball per a passar a ser un tercer lloc, dinàmic, on es produeix la serendipity, la casualitat, l’anècdota, la sorpresa… Etcètera. Aquests canvis s’estan produint a un ritme accelerat, molt recentment (no gaire més enllà de la darrera dècada), i probablement s’acceleraran en el futur. La societat xarxa és la societat del canvi constant. Les estructures en xarxa són precisament això, adaptabilitat màxima a partir del canvi constant (a diferència de els estructures burocràtiques jeràrquiques, per exemple). Ho explica magistralment Manuel Castells a “La sociedad red: una visión global”, on diu “La fuerza de las redes radica en su flexibilidad, adaptabilidad y capacidad de auto-reconfiguración(capítol 1).

Hi ha, per tant, una contradicció entre la necessitat de canvi constant i la forma arquitectònica estable. Precisament deia més amunt que la força de l’arquitectura és precisament la inmobilitat, la seva pretensió d’eternitat. Quan un arquitecte dibuixa una línia en un plànol és molt conscient que allò, que potser esdevindrà una paret, restarà allí eternament o durant molt de temps. És una responsabilitat important, i normament s’ho pensa dues vegades abans de fer-ho. És possible que allò estigui allà 100 anys, més! “Dios lo ve” diu Oscar Tusquets en aquest sentit.

Vam comprovar en aquestes jornades, una vegada més, que els bibliotecaris ens demanen insistentment als arquitectes que les biblioteques han de ser flexibles (que no hi hagi cables a la vista, que puguin posar els ordinadors on vulguin…). No es tracta, en absolut d’una qüestió trivial: la manca de flexibilitat té implicacions molt importants en la posada en marxa dels servei bibliotecari i sovint en limita enormement les potencialitats. L’arquitectura s’imposa al servei, com deia al principi. La resolució del problema no és una qüestió purament tècnica, sinó que té implicacions molt més profundes, com explicaré més avall.

Des del punt de vista arquitectònic, el xoc entre la necessitat de canvi (degut a la ràpida obsolescència de la tecnologia) i la forma arquitectònica, estable, no és nou d’ara: ja durant les societats industrials, al llarg del tot el segle XX, l’arquitectura havia explorat solucions per a satisfer les exigències de canvi i integració tecnològica. Des de Buckminster Fuller o les arquitectures utòpiques d’Archigram (amb arquitectures mòbils…) fins a l’arquitectura High-Tech, per exemple. Penso que el tipus arquitectònic que va sintetitzar millor l’esperit de l’era industrial i post-industrial va ser l’ oficina paisatge, àmpliament estès per a resoldre els grans edificis en alçada. Aquest tipus resol perfectament la compatibilitat entre una arquitectura amb una forma estable i una flexibilitat interior màxima. Els arquitectes Ábalos i Herreros analitzen el l’evolució d’aquesta tipologia, en relació amb la tècnica, al llibre “Técnica y arquitectura en la ciudad contemporánea”, i expliquen com a través de l’ús del terra tècnic és possible aquesta integració entre incorporació tecnològica i flexibilitat espaial (vegeu el capítol IV, “Implicaciones constructivas de la mecanización del ambiente”).

Dels edificis que analitzen aquests autors no puc evitar de referir-me, com vaig fer a les jornades, al Centre Beauburg de París, de Piano i Rogers, i com un dels màxims exponents que resol totes les exigències de flexibilitat i integració tecnològica de què parlem. Diuen Ábalos i Herreros que és el “primer edificio entendido como una celebración pública del advenimiento de la informática”, i que mostra de forma paradigmàtica com la solució de l’oficina paisatge es fa extensiva a altres tipologies, com és la d’un edifici cultural.

Per tant, el problema tècnic de la flexibilitat queda resolt, en principi, amb el terra tècnic. Però, tal i com expliquen aquests autors, l’evolució d’una tipologia arquitectònica és fruit de la conjunció de molts d’altres factors de tota mena, des de aspectes constructius i ambientals (com la resolució de la llum natural, el tractament climàtic de l’aire, la solució a l’enllumenat artifical i altres aspectes), fins a qüestions formals. La transformació de la tipologia arquitectònica és, doncs, un procés contínu, progressiu, que depèn de múltiples factors.

Per això deia que el tema de la flexibilitat té implicacions més profundes: perquè no es tracta només d’un problema tècnic o constructiu, sinó que afecta a la definició de la tipologia d’edifici que ha d’allotjar un nou tipus d’equipament. Per tant, em sembla que el tema de la flexibilitat és només la punta de l’iceberg: és la manifestació de que la tipologia de biblioteca amb la que treballem és obsoleta, respon a un altre temps, el temps de la societat industrial. La imatge de la biblioteca que els arquitectes tenen al cap quan projecten sovint correspon a un model que no s’adiu amb les necessitats de la societat xarxa. Tots, bibliotecaris i arquitectes, abordem el procés de projecte sense tenir gaire clar el que volem, cap on anem, perquè no tenim un tipus clar que respongui al nou paradigma. Només ens sabem imaginar allò que hem fet fins ara, però que ja no ens serveix. L’evolució de les tipologies arquitectòniques al llarg de la història s’ha produït de forma contínua, de manera que cada societat ha trobat la forma que s’ha ajustat a les seves necessitats, de la mateixa manera que cadascú de nosaltres es vesteix d’acord amb la seva identitat.

Com s’hauran de vestir les biblioteques a partir d’ara? Hi ha alguns indicis de cap on podem trobar vies de solució. Algunes es van anomenar en les jornades, i també se n’ha parlat anteriorment en aquest blog. Tecers espais, espais de relació, biblioteca sense llibres, integració de la tecnologia, learning spaces, espais per a la creativitat, etcètera. Però hi ha encara molt poques realitzacions materials concretes que ens permetin parlar d’una nova tipologia. Em sembla que l’exemple actual més paradigmàtic d’un nou plantejament és la biblioteca de Seattle, de Rem Koolhas, per raons que ara no puc explicar (i que m’agradiaria d’exposar aviat en un altre post). També ho són, per un o altre aspecte, la Mediateca de Sendai, de Toyo Ito, la OBA d’ Amsterdam (vegeu el vídeo a l’enllaç!), el DOK de Delft, els projectes de la Mediaspace, d’Aarhus, de la biblioteca central de Helsinki, o altres que hem vist durant les jornades.

Com a conclusió diria que el mèrit de les jornades va estar en il.lustrar el camí, generar una visió de cap on hem d’anar en el futur, essent conscients que la tipologia de la majoria de projectes que estan en marxa al nostre país (centrada en la col.lecció, les taules de lectura formal, els grans taulells, etcètera) respon a un model obsolet, propi de la societat de fa dècades, que és tant com dir d’una altra era, prèvia a l’ era de la informació. Sabem que hem de canviar aquest model, tenim pistes de com fer-ho. Ara només cal que tinguem l’ ambició i la valentia necessaris per a posar-ho en pràctica. Tenim una gran oportunitat en el projecte de la Biblioteca Central Urbana de la meva ciutat, Barcelona. No ens podem permetre d’errar.

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La Biblioteca Jasper Place Branch, Edmonton

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El nou edifici de la Biblioteca Jasper Place (una auxiliar de la Biblioteca Pública d’Edmonton, al Canadà) està planificat per l’any 2011. Serà un projecte conjunt dels equips canadencs Hughes Condon Marler Architects i de Dub Architects. Es proposa una coberta ondulant, que quasi sembla viva i flexible, i que neix des del sòl mateix… una coberta rematada amb claraboies irregulars que proporcionarien llum zenital a l’interior de l’edifici.

FONTS:

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Els altres bibliotecaris (18): Berta Blasi

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1. Qui ets?
Em dic Berta Blasi i em vaig diplomar el 2003 en Conservació i Restauració dins l’especialitat de Document Gràfic a l’Escola Superior de Conservació i Restauració de Béns Mobles de Catalunya i posteriorment vaig llicenciar-me en Documentació a la Universitat de Barcelona. Des que vaig acabar la diplomatura he estat treballant en el camp de la restauració i a partir de la llicenciatura vaig començar a compaginar ambdues coses.

2. A què et dediques? Com és el teu treball?
El 2008 vaig decidir emprendre el meu propi taller com a projecte professional. És un taller especialitzat en la conservació i la restauració d’obres documentals, històriques i artístiques en suport paper, pell i pergamí com poden ser llibres, lligalls, cartells, ventalls, manuscrits, gravats que hagin estat realitzats amb qualsevol tècnica artística: grafit, guaix, aquarel·la, oli, carbonet, pastel, gravat, tinta, manuscrits… La feina realitzada va des de la conservació i restauració directa sobre cada peça a tasques menys conegudes com per exemple plans d’actuació contra l’atac de microorganismes, l’assessorament en conservació preventiva i emmagatzematge, la realització de sistemes de protecció i presentació per a les obres, la redacció de certificacions d’estat de les peces -per exemple abans de cedir-les per una exposició- o el peritatge i inventari de fons.

3. Com vas arribar a aquest treball?
Vaig arribar a aquesta professió fent un recorregut clarament artístic: batxillerat artístic, un primer any de belles arts i després cap a l’Escola de Restauració. Sincerament vaig cursar Documentació per tenir una carrera superior però vaig sortir de la Facultat amb molt més que això.

Estudiar documentació em va fer comprendre -entre d’altres coses- que el millor mitjà de difusió és Internet i em va nodrir dels coneixements necessaris per tal que el Taller hi fos present. Ara per ara la pàgina web (http://www.bertablasi.com), el Twitter del Taller (http://twitter.com/ProjectesTaller) i el Butlletí trimestral són una finestra oberta on s’hi publiquen periòdicament les peces restaurades, ressenyes i resums d’articles relacionats amb la conservació i la restauració del document gràfic, articles de creació pròpia sobre tècniques i metodologies, exposicions, conferències, jornades relacionades amb el món de l’arxiu i les biblioteques… i sense la llicenciatura tot hagués estat molt diferent.

4. Què creus que pots aportar a la biblioteconomia, i que no pugui fer un bibliotecari?
La resposta és fàcil: tres anys d’estudis específics de salva-guarda del patrimoni documental -més la formació continuada- i una experiència de deu anys en el sector. A la Diplomatura en Biblioteconomia hi ha una assignatura de conservació i restauració que dóna unes pautes bàsiques però que no és suficient per afrontar segons quins reptes, és més, no seria prudent fer-ho. Per posar-te un exemple: a la llicenciatura en Documentació hi ha assignatures de Xarxes i Intranets però a l’hora de la veritat és millor tenir un informàtic que ho faci. En el cas de la preservació, la conservació i la restauració passa exactament el mateix. Si bé és cert que un Bibliotecari o Documentalista pot afrontar un problema puntual sempre serà millor recórrer a un tècnic especialitzat.

5. Creus que la biblioteconomia interessa només als bibliotecaris?
Si. Crec sincerament que la biblioteconomia interessa només als bibliotecaris però també crec que la gent no és conscient de les tasques que els bibliotecaris fan per a ells. Juraria que si algun dia els bibliotecaris, documentalistes i arxivers oblidessin com fer la seva feina aleshores tothom els trobaria a faltar i això només posa de manifest la importància de la seva feina -malgrat la ignorància dels demés-.

6. Com valores la teva relació amb els bibliotecaris?
Per experiència pròpia tant bibliotecaris com documentalistes com arxivers m’han demostrat una gran sensibilitat quant a patrimoni documental es refereix i, de retruc, a la meva figura professional. La mateixa web del taller té forces visites tenint en compte que és una temàtica molt especialitzada i això em fa pensar que és una font de consulta per als professionals. Estic subscrita a diverses llistes de distribució com ara Bib-Cat o Arxifòrum i valoro molt positivament l’esperit de cooperació, la facilitat en la transmissió de coneixements ja siguin teòrics/tècnics o pràctics/experiències. Personalment intento aportar el meu granet de sorra aclarint dubtes sobre la conservació en arxius i biblioteques sempre que algú demana ajuda. Crec fermament en el coneixement lliure i accessible i estic convençuda que bibliotecaris, documentalistes i arxivers van per davant de molts col·lectius.

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