La evolución de los espacios físicos de las bibliotecas

En los últimos cien años, como mínimo en Cataluña, creo que las bibliotecas han sufrido una serie de grandes y enormes transformaciones en todo tipo de ámbitos. Es un hecho evidente que las bibliotecas de entonces no son, por suerte, como las que disponemos ahora. Ha habido una clara evolución y mejora de sus servicios y de sus instalaciones. Y es aquí donde me quiero centrar en este artículo. ¿Cómo se han transformado los espacios físicos de las bibliotecas? ¿Cómo han evolucionado sus espacios? ¿Qué ha cambiado y hacia dónde se encaminan? A todo esto intentaré dar mi opinión y mi punto de vista… En ningún caso ofreceré respuestas absolutas, sino que seguramente generados, seguramente, muchas más preguntas.

La imagen exterior de las bibliotecas ha cambiado mucho. Su arquitectura ha evolucionado considerablemente, y seguramente han sufrido una de las evoluciones más radicales y absolutas en el mundo de la arquitectura. Espesos muros, con pocas ventanas, cerradas en sí mismas, herméticas, recluidas, inaccesibles … y con una áurea de templos del saber. Así podríamos definir hasta hace no tantos años las bibliotecas de nuestro entorno. Seguramente todo ello contribuía la imagen exterior que tenían, y las sensaciones y las emociones que desprendían hacia su entorno. Estaremos de acuerdo en que las convenciones sociales y la estructura de valores ha cambiado muchísimo en sólo un siglo, y que todo ello también ha influido en las bibliotecas y en la forma de construir-las. Como muestra, la imagen que ilustra este párrafo, de la Biblioteca Popular de El Vendrell, del año 1922. De líneas marcadamente clásicas, tiene aspecto de un auténtico templo del saber. Cabe decir que las Bibliotecas de la Mancomunidad siguen en buena medida este aspecto, con pequeñas variaciones. Seguramente que si fuera una biblioteca actual, nos haría respecto entrar … quizás nos lo pensaríamos dos veces. Debemos entender, que entonces esta tipología de bibliotecas era la norma en Cataluña, y que por tanto probablemente no se esperaba que tuvieran ninguna otra forma que la que tuvieron.

Hoy en día el panorama arquitectónico ha cambiado, y es absolutamente diferente. Las bibliotecas son una de las tipologías de edificios públicos mejor valoradas por arquitectos y responsables políticos y gestores, lo que ha provocado que su arquitectura haya convertido altamente simbólica y representativa, ya no sólo para la propia biblioteca sino que también para la ciudad que lo acoge, hasta el punto de que creo que las Bibliotecas son quizá el edificio público por excelencia. De la reclosión y el cierre se ha pasado a la apertura del edificio. Cambios sociales y culturales han provocado este cambio, esta apertura. Se han difuminado prácticamente en su totalidad los límites del edificio y el espacio público, la calle, la plaza. Se usa el vidrio abastecimiento, con profusión (quizás, incluso, demasiado), intentando extender el carácter social y ciudadano de la calle hasta el interior de la biblioteca. Como muestra, podemos ver en la fotografía la Biblioteca Comarcal de Blanes, obra de Artigues & Sanabria (1997-2002). La transformación es más que evidente, no sé si es mala o buena, pero si que es más que notable. Para nuestra mentalidad actual, sin duda invita más a entrar la Biblioteca de Blanes… ¿Nos imaginamos, sin embargo, una biblioteca como la de El Vendrell del año 1922 hoy en día? Seguramente no. ¿Se ha llegado quizá a una cierta comercialización de las bibliotecas? ¿Se pueden sentir las bibliotecas como una cultura de escaparate, en el que se muestra sin complejos que se ha hace en su interior? ¿O había que llegar hasta este punto para poder superar la tradicional ignorancia social sobre el trabajo y las funciones propias de las bibliotecas?

Y bien, si hasta ahora hemos visto cómo ha cambiado la apariencia externa de los edificios de las bibliotecas, ahora nos centraremos en cómo ha cambiado su interior. Ha habido, como no podía ser de otra manera, cambios profundos influidos por la renovación arquitectónica que han experimentado las bibliotecas. Si han cambiado exteriormente, era absolutamente inevitable que también cambiaran interiormente. Como muestra, esta imagen de la Biblioteca Popular de Manresa del año 1928. Predominan las mesas de lectura y estudio, y los estantes distribuidos de forma perimetral. Y poco más. El aspecto interior de las bibliotecas estaba directamente influenciado por la tecnología que había disponible entonces, y se adaptaba a ella. Seguramente no se requería ni hacía falta nada más que mesas, lámparas y sillas, y unos estantes con los libros y revistas para dar servicio y resolver las necesidades de los usuarios de las bibliotecas. Así de sencillo pero a la vez así de complicado, todo un reto y éxito de Gobierno, si tenemos en cuenta las circunstancias históricas de la Mancomunidad.

Con el paso de los años, las bibliotecas han tenido que incorporar nuevos soportes informativos, y por tanto nuevas tecnologías, que han transformado sus interiores. Hay seguimos encontrando estanterías con libros y revistas, hay por supuesto mesas con luces y sillas… pero han tenido que ceder parte de su espacio y de su importancia: en zonas infantiles con cojines y sillas y mesas adaptadas, a áreas de materiales audiovisuales , con CDs, DVD, vídeos, y los equipos específicos para su uso; y, sobre todo, ordenadores para la consulta a los catálogos automatizados y el acceso a Internet. Como ejemplo, una fotografía de la nueva sede de la Biblioteca Pere de Montcada de La Sénia (Tarragona), inaugurada en abril de 2008. Pienso que la incorporación a las bibliotecas de nuevos materiales y soportes informativos, más allá de los libros y revistas de siempre, ha hecho que cambiara radicalmente su aspecto interior. Sus salas han tenido que adaptarse para acoger con garantías de éxito todos estos nuevos soportes. Si en el exterior han influido más los cambios sociales y culturales, en el interior es la tecnología la que tiene un peso más importante y grande, como impulso transformador.

Sin embargo, durante mucho tiempo, y quizás aún hoy en día, el centro de atención de los espacios interiores de las Bibliotecas sigue siendo el libro y los materiales impresos. Quizás el peso de la tradición influye, o quizás es el peso de la profesión y de nuestro habitual rechazo a demasiados cambios tecnológicos en nuestro trabajo diario. Lo cierto, es que el espacio dedicado a materiales impresos sigue siendo mayoritario en las bibliotecas de nuestro entorno… pero algo está cambiando. ¿Y qué es? Bueno, en nuestro país encontramos el ejemplo del GEPA, impulsado desde el CBUC, y que no es más que un almacén centralizado de libros y documentos de poco uso, para que no ocupen espacio en las Bibliotecas, y éstas puedan usarla con documentos de más uso. Este es sin duda un camino ya iniciado por cada biblioteca a nivel individual con sus propios almacenes. Pero sin duda, el mayor cambio que estamos experimentando aún hoy en día en las Bibliotecas es la progresiva implantación de ordenadores en nuestras salas. Como ejemplo, esta sala llena de ordenadores de la nueva Biblioteca de la Universidad de Lima… Sin duda, y pongo la mano en el fuego, vamos hacia aquí, y es del todo inevitable. Y no sólo con los ordenadores: muy pronto podremos ver parques de lectores de e-books para la lectura de libros digitales. La progresiva digitalización y virtualización de la información es un camino ya sin retorno, con todas las consecuencias positivas y negativas que evidentemente tiene. Y por supuesto que tendremos que conservar el libro, pero eso ya tendremos un GEPA… en nuestra Biblioteca, estoy seguro, la consulta se hará mediante un e-book o por ordenador.

Con esta progresiva digitalización de la información, las bibliotecas nos enfrentamos a un reto. ¿Como diseñamos los espacios? ¿Cómo construimos las nuevas bibliotecas? El uso y las funciones tradicionales de las bibliotecas de lectura y consulta se han visto ya superadas por un uso más lúdico, más informal, más social. Las Bibliotecas somos ahora un punto de encuentro, de reunión, de intercambio social y que busca y consulta información (digital) de forma virtual. Por lo tanto, debemos ser capaces de pensar nuestras bibliotecas en este sentido. Pero no se trata tanto de diseñar y planificar bibliotecas virtuales, que también … sino que más bien se trata de construir espacios de transición entre nuestro mundo analógico, y el mundo digital en que vivirá toda la información. Debemos ser capaces de hacer y crear un tercer espacio (término que gusta mucho a Lluís Anglada y que comparto plenamente), nodos sociales. Nos jugamos nuestro futuro como profesión: hay un fina y delicada línea entre acceder a la información desde casa con tu ordenador o hacerlo desde una biblioteca, y hacerlo en sociedad. ¿Qué queremos? Sólo depende de nosotros que nuestros usuarios no acaben saltando. Porque si, estoy seguro que seguirán haciendo edificios de bibliotecas, pero hay que repensar los mismos. Los arquitectos ya hace tiempo que han iniciado este camino, con verdaderas joyas tecnológicas como la Biblioteca de Seattle, de Rem Koolhaas. ¿Nos ponemos a trabajar?

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