Hoy hablando con unos compañeros de trabajo haciendo un café a la hora de desayuno, uno de ellos comentó que no entendía que en el Colegio cogieran profesionales fuera del ámbito de la arquitectura, y que no cogieran arquitectos para hacer trabajos que él creía que los podían hacer igualmente… Aparte de que estas palabras destilaban un tufo de corporativismo rancio, yo ya estuve toda la mañana meditando sobre estas palabras: lo sé, lo sé, quizá soy un poco paranoico. Más tarde, hablando con la otra compañera de trabajo mientras comíamos juntos, y que estaba en la conversación de la mañana, he sacado el tema… y ella lo ha matizado y le ha restado importancia: ella cree que en el Colegio, y en muchos otros lugares, para determinados trabajos hay gente profesional y competente, y una de estas tareas para ella era la biblioteca y el archivo (ella, decía, no se ve catalogando y clasificando libros, ni haciendo búsquedas en el DOGC o el BOE por internet… ). Uff, ¡qué descanso! Yo también tengo esta opinión. Pero añado cositas de cosecha propia: este detalle me ha hecho pensar que uno nunca tiene un trabajo seguro, y que hay que luchar para conservarlo, y que quizás esta lucha se debe vehicular ofreciendo valor añadido a las organizaciones, nos tenemos que hacer valorar, debemos ser útiles para que cumplan sus objetivos; tenemos que saber responder a sus necesidades para ofrecer buenos productos… y sobre todo, debemos esforzarnos para que nuestras bibliotecas, nuestros centros de trabajo, se conviertan en preponderantes en las estructuras organizativas, como algo clave y estratégico, ¡debemos ser críticos! Pienso que sólo así podré llegar a cambiar las percepciones de la que hablaba al principio.
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